Ayer escuché, en un discurso, hablar de ex homosexuales. ¿Eeso significa que el ser homosexual es no solo incorrecto, sino también dañino tanto
para la salud física como mental (moral, en realidad)? Al parecer, sí. Es de
sentido común que el ser varón homosexual no solo no es normal, sino que es
evitable y es requisito deslindar con cualquier actitud que ponga en duda la
virilidad de los varones.
No se trata solamente de un rechazo al varón homosexual que
tenemos evidente y a la vista, sino también de un rechazo de la sola
posibilidad de que cualquier interlocutor lo sea. Esto no está solamente en aquellos
a a los que solemos llamar homofóbicos, sino en nuestras prácticas cotidianas desde
el colegio y el barrio, hasta la universidad y el trabajo. En la escuela, por
lo general, se tiene la figura del “cabro”. Siempre hay alguien a quien se
puede llamar así, y esto tiene que ver con sus formas de expresar su
no-virilidad y sus luchas por adquirirla. El no mirar a las mujeres como un
objeto sexual, no expresarse con insultos, no apelar a los golpes o no jugar
fútbol. Pero también el ser homosexual es un insulto o expresión de
desprestigio cotidiano. “Qué cabro”, “ya… pero tú eres homosexual”, “esas son
mariconadas” “eres del otro equipo” son expresiones que en la vida cotidiana
descalifican orientaciones no-heterosexuales, acompañadas o de risas (burlas
entre amigos) o de reprimendas (de padres a hijos), en el último caso con
expresiones como “los hombres no lloran”, “no hagas eso, tú eres hombre,
carajo!”. Entonces, podemos hablar de la figura del homosexual que las personas
van formando en su imaginario como un conjunto de prácticas no asociadas a lo
varonil, y por tanto despreciables en un varón.
Ahora, ¿es mero invento que un varón homosexual sea
no-viril? Pues, más o menos. Si bien es cierto que las expresiones de casi todo
aquello que la gente identifica como homosexual tiene que ver con actitudes
femeninas, también somos conscientes de que no siempre es así. Por ello, se
habla también de los “caletas”, los que “¿son o no son?”, “no parecen, pero son”.
Los que no lo manifiestan a través de sus maneras, artículos de consumo o
actitudes. ¿Cómo nos formamos una idea de un homosexual “estándar”? Tenemos a
los visibles frente a los invisibles. A los primeros, muchas veces,
identificados como “locas” y a los segundos como “caletas”. Los primeros,
resaltados por los programas de humor sabatinos y del mediodía para las amas de
casa, nada serios y con preferencias hacia los “chismes” de farándula. Ambos,
por supuesto, burlados; unos más que otros. Pero los que nos muestran los medios no son inventos, son solo un reflejo de lo que hacemos a diario.
Fuente: http://listas.rpp.com.pe/actualidad/764-reyna-o-rey-del-mediodia
Fuente: http://www.serperuano.com/2011/03/phillip-butters-tuvo-un-encuentro-cercano-del-tercer-tipo-en-el-especial-del-humor/
Entonces, ¿es diferente ser cabro para los amigos o para los
insultos que el ser homosexual reconocible para todos? Parece más bien que
fuera una continuidad. El evitar ser "cabro” se convierte en un conjunto de
mecanismos sutiles que buscan desprestigiar a quien pretenda identificarse como
homosexual sea para los demás, sea para él mismo. La homofobia, como la
conocemos, solo es resultado de actitudes cotidianas y de lo más “normales” pero
en una versión explícita. Solo nos indignamos cuando se atenta contra el cuerpo
o la mente de manera violenta y frontal, pero no cuando en el día a día estamos
diciendo de la manera más sutil que el ser no-heterosexual es una aberración y que, fuera del juego,
debemos evitarla a como dé lugar. Así, vamos interiorizando y solidificando algo que difícilmente podremos quitar de nuestras cabezas con el tiempo. Tal vez podremos tolerar, pero no reconocer como ser humano igual. No se trata solamente de unos locos desadaptados aquellos que salen en los medios como homofóbicos. Todos llevamos la homofobia dentro, se va gestando en nuestra vida diaria.
